Dr. Libertad
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¿Cuántas vidas descartables caben en un bolsillo?

·1 min de lectura·Dr. Libertad

Las apps de citas prometieron libertad. Te dijeron que por fin tenías control total, que el mercado de parejas sería tuyo. Infinitas opciones, desliza a la derecha, rechaza sin culpa, pasa al siguiente. Prometieron que nunca más dependerías de la suerte ni del azar de conocer a alguien en la calle.

Lo que en realidad entregaron fue lo opuesto.

Cuando todo es reemplazable, nada tiene peso. El acto de elegir, que debería ser un acto de coraje y compromiso, se convirtió en un gesto mecánico. Desliza. Rechaza. Sigue. El descarte es tan fácil que ya no cuesta nada. Y cuando nada cuesta, la persona del otro lado deja de ser una persona: es un perfil. Una foto. Una bio. Un conjunto de especificaciones que fallan apenas abres la aplicación.

Ortega y Gasset hablaba de la masa: la multitud sin criterio que deja la decisión en manos del sistema. Hoy eso es literal. El algoritmo te muestra caras, tú deslizas, el algoritmo aprende tu patrón de rechazo y te envía más caras. No estás eligiendo: estás siendo entrenado para descartar. Y la ilusión de infinitas opciones es exactamente eso: una ilusión que te mantiene pegado a la pantalla, buscando la siguiente, y la siguiente, convencido de que *esta sí* será diferente.

Pero aquí está la verdad que nadie quiere decir en voz alta: el mercado de citas no te liberó. Te hizo más exigente, más ansioso y más solo. Porque la libertad sin límites no es libertad, es parálisis. Y cuando todo el mundo es descartable, tú también lo eres.

La pregunta no es si la app es buena o mala. Es qué clase de persona te conviertes cuando el rechazo deja de doler.

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